Credo Personal

“En el Génesis, Psiquis, el Alma humana se llama Aisha, otro nombre de Eva. Su patria es Shamaim, el cielo. Ella vive allí dichosa en el éter divino, pero sin conocimiento de sí misma. Ella goza del cielo sin comprenderlo. Pues para comprenderlo, es preciso haberlo olvidado y recordarlo de nuevo; para amarlo, es preciso haberlo perdido y reconquistado. Ella sólo aprenderá por el sufrimiento y no comprenderá más que por la caída.”

(Hermes y Moisés)

El sol se oculta tras las montañas dejando un poco de su fuego a las nubes indecisas y mutantes: incendio de magenta… naranja encendido… amarillo dorado… diferentes tonalidades violáceas… Pero pronto, las tinieblas lo absorberán todo. En apariencia, porque en el negro firmamento, una a una, ya se adivinan las siluetas de las estrellas.

También se hizo de noche en mi corazón.

La noche trae el silencio y la quietud. La quietud rompe el falso equilibrio. La noche en este momento es negra, espesa y densa. Mi corazón está lleno de noche, de negruras espesas y asfixiantes. No sé cuántas veces ha estado en esta pausa sombría; pero cuando el sol calienta mi cuerpo aterido, una débil chispa se mueve en mi corazón.

Y me reclama.

Si en ese momento, dentro de mi vacío, hago del silencio mi cómplice y viajo al interior de mí misma, la débil chispa se convierte en un punto de luz que crece y crece y me llena y se expande fuera de mí. La sensación de su tibieza se vuelve susurro, un canto sin voz que estremece: “Déjame vivir en libertad. No ahogues tu esencia. Yo soy tu única realidad”.

Comprendo que todo eso es cierto.

Y es que uno sabe siempre que cuando es de noche y está oscuro, se tropieza, no se distinguen las formas y sucede que a veces el miedo invade. En la noche, en la soledad de mi cuarto, puedo hacer 2 cosas: o enciendo mi lámpara, o abro la ventana.

Descubro que al firmamento lo iluminan las estrellas y que el sol sale todos los días.

Como arriba es abajo. Como afuera es adentro. Y no hay nada grande ni pequeño, o más bien todo es grande y pequeño…

Y así, caminando en lo negativo, llegué al momento en que un grado de un polo se fundía con el grado del otro.

Hoy comprendo la vida como una anciana, pero la vivo como una niña.

Amé y odié hasta la máxima expresión.

Conozco la sensación de ser amada hasta la última consecuencia y he comprobado lo que es vivir sin amor.

Despilfarré el dinero cuando viví como rica y pasé hambre cuando viví como pobre.

He sido muy gorda y muy flaca.

Perdí la razón y la encontré de nuevo.

Después de tanta situación límite, camino lento pero segura hacia ese estado sin tiempo que existe entre el espíritu y la materia.

Ahora estoy en mi centro.

Y creo…

Creo en una energía poderosa que todo lo puede y todo lo transforma.

Creo en Dios que es Uno, es Todo y es el Vacío.

Creo en todas las religiones y en la porción de verdad que cada una tiene.

Creo que soy la creación mental de Dios, que vivo dentro de Él y Él vive dentro de mí.

Creo en las creaciones de mi mente.

Creo que soy la dueña de mi destino.

Creo que soy la oportunidad de la sabiduría.

Creo en la ignorancia como un mecanismo de protección para los débiles.

Creo en todos los caminos porque todos ellos nos conducen a alguna parte.

Creo en la causa del sufrimiento y en la cesación de este.

Creo en pagar por adelantado todos los efectos de las causas.

Creo en la naturaleza de las formas y en la fuerza contenida en ellas.

Creo que nada es bueno ni malo: el grado de la cualidad se lo damos nosotros a las acciones.

Creo que hay que experimentarlo todo, tanto lo negativo como lo positivo, ya que la suma de los dos nos da equilibrio, amor y compasión por los demás.

Creo en el Amor universal que nada pide y todo lo da.

Creo en la Luz porque ella absorbe a las tinieblas.

Creo en las tinieblas porque permiten la penumbra.

Creo en la verdad porque nos vuelve libres.

Creo en la belleza aunque no sea visible.

Creo que no hay nada de más en el Universo y que toda su grandeza está en mi universo interior.

Creo en el cambio porque es la manifestación de la vida.

Creo en la libertad y en la liberación.

Creo en el silencio.

Creo en la muerte porque es el camino que nos conduce a la Luz

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