El maestro

camino-soleado

Hace muchos años tomé la decisión de suicidarme. No quería seguir viviendo porque sentía que mi vida no tenía sentido. Yo tenía un maestro con el que aprendía sobre filosofía hermética. Estaba recién iniciada en esa escuela filosófica.

Entré al hermetismo gracias a un compañero de trabajo, quién me contaba que sus padres eran magos. Yo lo quería mucho a Mario, pero no pude evitar bajar la mirada y pensar: “y ahora, qué le pasa a éste”, y le seguí la corriente y fui a la reunión llamada: “Círculo de luz”, que me mencionó.

Ahí escuché hablar de que la vida y el universo se regían por 7 principios universales, siendo el primero de ellos que todo es mente, que el Universo es Mental. Y me gustó. Y me inicié. Y participé por muchos años. Luego, mi maestro murió como él quería morir: se fue a dormir la siesta en el verano eterno de Guanacaste, Costa Rica y no despertó más. Así mueren los maestros. Sin hacer ruido. En paz.

Esa vez que le comuniqué a él que había decidido morir, él me dijo lentamente, mirándome a los ojos: “está bien, respeto tu decisión, pero antes, por qué no te das un tiempo y  practicas otro tipo de muerte? La muerte de la iniciación?” Me dijo que me fuera para mi casa y que meditáramos juntos a las 11 de la noche, él desde su casa y yo desde la mía. Así lo hicimos. Cuando tenía algunos minutos meditando sentí una corriente de energía que entró por mi cabeza y me recorrió y salió de mí.

A ese amigo que me habló de la filosofía hermética, a ese maestro que llevo guardado en mi corazón, siempre les estaré agradecida. Aquí y ahora, me aparté de las filosofías, de las ideologías, de las religiones y camino sola, comprendiendo lo que quiso decir mi maestro con sus palabras “la muerte de la iniciación”, porque cuando él me las dijo, yo no las entendí, y ahora que voy conociendo el mundo y los planes de dominio y destrucción de una élite oscura, a la vez gobernada por otros, comprendo que lo que él me dijo fue que buscara la luz en mi corazón, pero que primero debía derribar los obstáculos puestos por esos falsos yoes que creemos que son nuestro verdadero yo y entonces, se empieza a sentir esa chispa, pequeño punto de luz que debemos ayudar a que crezca, cultivando los valores del amor, de la empatía, de la solidaridad, de la paz.

No sé si han oído hablar de los manuscritos de Nag Hamadi, imagino que sí. Uno de esos manuscritos fue el evangelio de Tomás, lo conocen?: “El que tenga oídos para oir que escuche: Hay luz dentro de una persona de luz y él ilumina el mundo entero, y si no da brillo, de hecho hay oscuridad. Ama a tu hermano como a tu alma, cuídalo como la pupila de tu ojo”.

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