La mente está al principio de todas las cosas

El título de esta entrada es una frase que pronunció el Buda hace más de 2500 años. Y sigue vigente. El primer principio de la filosofía hermética también lo dice: El Todo es mente. El universo es mental.

Somos una creación mental. Nosotros también podemos crear con nuestra mente. Por medio de la visualización. Por medio de las palabras. Por medio de los símbolos.

De pronto, si has seguido varios caminos, llegás a la conclusión de que todos los caminos buscan llevarte a la única parte donde está la verdad: tu ser esencial. Tu ser original.

El doctor Miguel Ruíz, en su libro: Los 4 acuerdos decía que estamos hechos de polvo de estrellas, pero que no lo sabemos porque vivimos en un sueño que está dentro de otros sueños. Tenemos un sueño personal que vivimos dentro del sueño del sistema. Tenemos que despertar.

Sí. Estamos hechos de lo mismo que está hecho el universo entero: de información y de energía. Somos seres formados por 7 tipos de energía: el cuerpo físico que vibra tan lento que no parece que se mueva. El plano emocional, el plano mental, el plano del doble (o del viajero, o del alma), el plano de las distorsiones, el campo cuántico y nuestro ser original. Entonces, nuestro ser original se manifiesta en 7 frecuencias que fluyen en 3 tiempos.

Hasta hace muy poco tiempo, cuando existía una brecha insalvable entre filosofía y ciencia, si uno quería saber algo más porque uno intuía que había algo más, el único camino que existía era el del esoterismo y las formas de pensamiento orientales. Porque en occidente todo tiene un formato si se puede decir así, más exotérico. Y es que siempre en todo en occidente la referencia es a puntos externos: la felicidad está fuera de nosotros, el amor, la estabilidad, la paz. La vida.  Dios.

Desde pequeños nos enseñaron que no podíamos hacer nada por nosotros mismos, que todo debíamos dejarlo en manos de la providencia de Dios. Que si pretendíamos hacer las cosas por nosotros mismos sin acudir a él, éramos soberbios.

En un mundo así, donde todo lo que necesitamos está fuera, a veces fuera del alcance de nosotros mismos, vivir es peligroso, porque somos seres vulnerables que nada podemos.

Siempre pensé que Dios tenía que estar demasiado ocupado auxiliándonos, protegiéndonos, a tantas personas en todo el mundo. Pero, me preguntaba, por qué parece que escucha a algunos y a otros no?

La respuesta es: porque todo lo que nos enseñaron fue una mentira. Y uno se cansa de las mentiras. Y uno se cansa de seguir caminos inventados por otros. Y uno se cansa de una vida compuesta por montones de situaciones que llegan a ser repetitivas. Inútiles.

En un espacio desolado de pronto oís hablar del Tao. Del Zen. Del silencio. De estar alertas. De vivir en el presente. Todo te suena maravilloso y comprendés que tal vez por esos parajes te salvés un poco de la mentira. De la manipulación y el engaño.

Le preguntaron a un maestro: Maestro, qué es el zen? Y él contestó: cuando tengo ganas de dormir, duermo. Si tengo hambre, como. Si tengo que caminar, camino. Presente alerta que nos pone en contacto con nuestra realidad esencial.

De pronto te encontrás que podés unificar el zen con la física, al Tao con el campo cuántico,  por medio de la ley del desdoblamiento de los tiempos, aplicada al ser.

Nosotros tenemos una tarea, cambiar por dentro para que se produzcan cambios fuera. Dicen que la iluminación ya no pertenece a los místicos, sino a la física.

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