Nuestra propia grandeza

Es urgente abrir los ojos y darnos cuenta de la vida. Darnos cuenta es hacernos conscientes: quiénes somos? Dónde estamos? Para dónde vamos? Será cierto todo lo que me han contado? Será cierto todo lo que me han enseñado? Para quién son las reglas? Existe el pecado? Quién soy en realidad?

No nos conocemos. No sabemos quiénes somos ni de dónde venimos y de pronto la verdad es más grande de lo que nos han enseñado y nos estamos perdiendo nuestra propia grandeza.

Mi maestro decía: Nosotros vivimos más dentro de nuestra pequeñez que dentro de nuestra grandeza. Y si vivimos de pequeñeces, nos volvemos pequeños.

De qué pequeñez hablaba mi maestro? Antes yo lo veía muy complicado. Ahora lo veo muy simple. Estamos inmersos dentro de un sistema que precisamente promueve nuestra pequeñez y nos da todos los elementos necesarios para mantenerla activa. Nos han enseñado a vivir con solo el hemisferio del cerebro que es lógico, nos han enseñado a vivir ocupados en algo externo siempre: el estudio, el trabajo, el ocio es hacer algo fuera de nosotros, los anuncios de las calles nos hablan de que hay que ser feliz, reir mucho, no pensar. Nos dan tecnología, mucha tecnología.

La inteligencia artificial nos gobierna. Andamos en la calle y no podemos desconectarnos de ella. Tenemos que estar mirando continuamente el teléfono, ver el último mensaje, leer el último post… y nos olvidamos de nuestro entorno. De las personas. De la posibilidad de una sonrisa. De la posibilidad de un amigo real. Y lo más importante, nos olvidamos de nosotros mismos. Pero cuando digo: nosotros mismos, no me refiero a un cuerpo físico, no me refiero ni siquiera a la personalidad. Me refiero a esa parte esencial, divina, que mora dentro de nosotros, como polvo de estrellas.

Nuestra esencia es nuestra grandeza. Nuestra esencia es parte de lo que podríamos llamar: LA ESENCIA, de donde salió todo lo creado. Esa mente infinita, ese espíritu que nos emanó.

Es importante estar en silencio. En solitud, que es esa soledad que nos llena de nosotros mismos. Que no da soledad. Estar en silencio, estar solos, de vez en cuando. Meditar. Eso es algo que no le sirve al sistema, porque nos llenamos de nosotros mismos y nos despegamos de lo demás. Y empezamos a hacernos uno con esa parte divina. Y se desarrolla nuestra individualidad.

Esa es nuestra grandeza!

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